Miguel, eres el símbolo de una generación que cree en un mejor futuro.
Tu lucha política ha sido pacífica, basada en valores, argumentos y una coherencia poco común.
Tu valentía al señalar al narcotráfico como una amenaza para la democracia te distinguió: fuiste el único candidato presidencial en denunciarlo claramente.

Eso requiere coraje en un país donde el crimen ha puesto presidentes y atenta contra sus opositores con casi total impunidad.
Hoy sigues dando una batalla enorme, y la fe en Dios nos dará la victoria. Colombia te necesita.

Expreso también mi apoyo total a tu esposa María Claudia, a tus hijos, tu padre, tu hermana y todos tus seres queridos.
Sé que tu mamá te cuida desde arriba y obra para que todo salga bien.

Pronto volverás a abrazar a quienes te aman y te admiramos.

Fuerza, Miguel.
Un gran abrazo,
Andreas

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